Disruptores hormonales: los tóxicos del mundo industrializado.

Los disruptores endocrinos son sustancias que interfieren con el normal funcionamiento de las hormonas esteroideas. Las dosis a las que actúan pueden ser extremadamente bajas y su relación con los efectos sobre la salud es compleja y podría resumirse en esta frase: “Lo que los disruptores endocrinos pueden hacer a nuestros cuerpos no tienen fin: van desde el aumento de la producción de ciertas hormonas, disminución de la producción de otras, imitar a las hormonas, convertir una hormona en otra, interferir con la señalización hormonal, decirle a las células que mueran prematuramente, competir con los nutrientes esenciales, unirse a hormonas esenciales y acumularse en órganos que producen hormonas.” (EWG, 2013).

Las 12 sustancias sobre las que, hasta la fecha, son consideradas disruptores hormonales tienen en común que son tóxicos para los seres humanos, los animales y, en general, el medio ambiente. Tal y como establece el Grupo de Trabajo Ambiental (EWG por sus siglas en inglés), estas sustancias son las siguientes:

BISFENOL A (BPA): es uno de los estrógenos ambientales más importantes en todo el mundo. Se ha demostrado que está relacionado con el deterioro de la función reproductiva masculina, así como otros problemas de salud (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y cáncer). En 2011 la Unión Europea prohibió la venta de biberones de plástico con este componente. De esta forma, Europa se suma la lista de países que ya han legislado sobre el tema, como Canadá y algunos estados y ciudades de EE.UU. Además, en 2013 Francia veta os tickets de caja térmicos por su contenido en Bisfenol A.

DIOXINAS: hace referencia a un grupo de sustancias químicas cloradas, de carácter orgánico con estructura química similar. Se han identificado 419 tipos de compuestos de los cuales 30 se considera que poseen una toxicidad alta, siendo la TCDD la más tóxica. Estas sustancias son principalmente liberadas como subproductos de actividades humanas a partir de diferentes procesos y, en menor cantidad, en procesos naturales como incendios forestales o erupciones volcánicas. Con todo, se encuentran en el medio ambiente de todo el mundo ya que viajan por el aire y se depositan sobre el agua o la tierra.

ATRAZINA: es el nombre común de un herbicida ampliamente usado, principalmente en terrenos agrícolas, así como en las proximidades de carreteras y líneas ferroviarias. En 2004 fue prohibida en la UE por su persistente contaminación de las aguas subterráneas. En cambio, en otros países como en EE.UU. se utiliza ampliamente. Probablemente es el herbicida más usado del mundo, aunque es de uso restringido, lo que significa que solamente personas certificadas pueden adquirirlo y/o usarlo.

FTALATOS:  son un grupo de compuestos químicos principalmente empleados para ser añadidos a los plásticos e incrementar su flexibilidad. Se estima que son uno de los grupos de sustancias que contaminan más frecuentemente los hogares y que pueden ser halladas en los organismos de todos los occidentales. Lo encontramos en: productos de PVC, pegamentos y adhesivos, aparatos electrónicos, materiales de construcción, productos de limpieza, productos de aseo personal (geles, champús, jabones, lociones, cosméticos…), perfumes, envases (tales como botellas de agua), pinturas, barnices, juguetes para niños, juguetes sexuales, arcilla para modelar, ceras, tintas de impresión, ropas y tejidos, ambientadores y pesticidas. Si bien la UE prohibió el uso de ftalatos en chupetes, tetinas y mordedores infantiles, no se han adoptado medidas restrictivas para otros elementos en el entorno de los niños como juguetes, revestimientos de vinilo, colchonetas, etc. Además, mientras se reduce el uso de los tipos de ftalatos prohibidos, aparecen otros nuevos tipos no regulados.

PERCLORATOS: la combinación de actividades humanas y las de fuentes naturales ha contribuido a la extensa presencia de percloratos en el ambiente. Se ha encontrado en algunos alimentos, en lagos, ríos y manantiales subterráneos, de manera que pueden entrar en el organismo si se ingiere comida o agua contaminada. Además, si se inhala aire contaminado con perclorato, éste puede pasar a la corriente sanguínea a través de los pulmones.

RETARDANTES DE FUEGO: son compuestos líquidos, sólidos o gaseosos que inhiben la combustión de materiales. Se aplican mezclados, combinados y sobre las superficies combustibles.

PLOMO: más de tres cuartes partes del consumo mundial de este metal corresponden a la fabricación de baterías para vehículos de motor, pero también se utiliza en muchos otros productos, como cañerías, pigmentos, pinturas, gasolinas, pesas, cañas de pescar, proyectiles y municiones, revestimientos de cables, láminas usadas para proteger de la radiación, material de soldadura, vidrieras, vajillas de cristal, municiones, esmaltes cerámicos, artículos de joyería, juguetes, así como en algunos productos cosméticos y medicamentos tradicionales.  En los últimos años, se ha reducido mucho la cantidad de plomo usada en los diferentes productos, pero su utilización sigue siendo elevada en países en vías de desarrollo.

MERCURIO: es liberado al medio ambiente a partir tanto de fenómenos naturales (actividad volcánica, meteorización de rocas, etc) como de actividades humanas (uso y procesado de productos combustibles, para extraer oro y plata de minerales; en la producción química de cloro-álcali; en termómetros y manómetros; en bombillas e interruptores; en empastes con amalgama, etc.), siendo la actividad la humana hoy en día la principal fuente.

ARSÉNICO: es un semimetal que está ampliamente distribuido en el medio ambiente de forma natural en el aire, el agua y la tierra. Podemos encontrarlo en forma orgánica y en forma inorgánica. Los compuestos inorgánicos (como los que se encuentran en el agua) son extremadamente tóxicos, en tanto que los compuestos orgánicos (como los que se encuentran en pescados y mariscos) son menos perjudiciales para la salud.

SUSTANCIAS QUÍMICAS PERFLUORADAS (PFCS): son compuestos de flúor y carbono muy habituales en la sociedad industrial. Las vías principales de contaminación son el agua y la alimentación, sobre todo por los efectos de los envoltorios y envases de comida. Además, llegan por el polvo, por aspiración, sobre todo en lugares con mobiliario que tiene retardante de llama o con superficie tratada con anti-manchas. También lo encontramos en algunas espumas para la extinción de incendios, detergentes, disolventes, en el velcro, textiles, pinturas, utensilios de cocina con tratamientos de anti-adherencia o de fácil lavado (como el teflón) y en determinados procesos industriales.

PESTICIDAS ORGANOFOSFORADOS: son compuestos orgánicos que contienen fósforo en su molécula y que por su toxicidad son usados como insecticidas para controlar plagas de insectos tanto en plantaciones agrícolas como en edificaciones.

ÉTERES DE GLICOL: se utilizan generalmente en recubrimientos y en procesos químicos y se encuentran comúnmente en recubrimientos superficiales, líquidos de frenos hidráulicos, líquidos de amortiguadores, fluidos hidráulicos, pinturas, esmaltes, barnices, pegamentos, tintes, tintas, resina acrílica, agentes de liberación de asfalto, espuma de extinción de incendios, protectores de cuero, dispersantes de derrames de petróleo, aplicaciones desengrasantes, productos de limpieza en seco, jabones líquidos, cosméticos, soluciones de limpieza en seco, herbicidas, insecticidas y disolventes. También son utilizados en numerosos procesos industriales para la eliminación de ceras y de tintes de los tejidos, y como intermediarios en la producción de numerosos plastificantes utilizados en recubrimientos y en materiales sintéticos.

Es probable que si dispusiéramos de tests toxicológicos adecuados, útiles para explorar actividades hormonales, la lista de nuevos disruptores endocrinos aumente. Hay organismos con intereses en la regulación de compuestos químicos, como la OECD (Organización para la cooperación económica y desarrollo), que representa a 30 países industrializados en Norte América, Europa y Asia y que ha lanzado la propuesta para la estandarización de estos tests y su aplicación sistemática a los compuestos de nueva creación y a los preexistentes. Es ésta una tarea difícil y costosa ya que está previsto testar, en los próximos años, más de 100.000 moléculas químicas y que los tests deben investigar actividades hormonales/antihormonales muy diversas.

En la actualidad no se dispone de ningún test de diagnóstico que podamos realizar los médicos en relación a los efectos de los disruptores hormonales en un paciente, lo cual conlleva a realizar diagnósticos en base a conjeturas y eso no siempre es bien comprendido.

Nuestras sociedades están poco o nada informadas sobre la repercusión que tienen estas sustancias en la salud y aunque cada vez hay más estudios, no son tenidos en cuenta por los responsables de las sociedades médicas y eso repercute en la información que recibe el médico, el usuario y en las políticas destinadas a legislar estas sustancias. De momento, los médicos tenemos que realizar un estudio activo de la bibliografía y documentación existente hasta la fecha. Los conceptos “disrupción hormonal” así como “medicina ambiental”, no formaban parte de nuestros programas de estudio, pero esto no puede hacer que le demos la espalda a las enfermedades emergentes que generan estas exposiciones, y cuando decimos “emergentes” es porque las consecuencias de la industrialización no eran evidentes hace 100 años, pero sí hace 30 donde se empezó a poner en evidencia en las especies animales la asociación exposición-contaminación con disruptores endocrinos y trastornos en el comportamiento, alteraciones en el desarrollo y riesgo de enfermedad.

En 2013, la Sociedad Española de endocrinología y Nutrición lanza un mensaje: “La exposición a determinados compuestos químicos puede provocar desequilibrios hormonales”. Reconocen que hay un problema “emergente” de salud pública y que hemos llegado a un nuevo paradigma en términos de salud en el que la contaminación química va a tener que ser tenida en cuenta.

La exposición a disruptores también interesa a asociaciones de usuarios y fundaciones: Fundación Alborada, EQSDS electro y químico sensibles por el derecho a la salud, Fundación niño sano, etc.

A principios del 2013, la OMS anunció un nuevo informe co-producido por el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas titulado “State of the Science of Endocrine Dirupting Chemicals”, el cual sugiere que se podría necesitar una prohibición del uso de estas sustancias para proteger la salud de las futuras generaciones: “Los diversos sistemas afectados por los disruptores de endocrinos probablemente incluyan a todos los sistemas hormonales que van desde los que controlan el desarrollo y la función de los órganos reproductivos hasta los tejidos y órganos que regulan el metabolismo y la saciedad. Los efectos en estos sistemas pueden provocar obesidad, infertilidad, reducción de la fertilidad, problemas de memoria y aprendizaje, diabetes o enfermedades cardiovasculares y muchas otras enfermedades.”

Sin duda, como usuarios y como médicos, debemos proteger de manera más eficaz la exposición a químicos en los momentos más vulnerables: el período preconcepcional, la gestación y la edad pediátrica. Las consecuencias derivadas de exposiciones tóxicas precoces, tienen repercusiones de más alcance, son más difíciles de tratar y a veces las consecuencias son irreparables. Se cree que la exposición uterina, tiene consecuencias de tal magnitud que difícilmente se sospecharían en estudios realizados.

Entre las enfermedades del tracto reproductor femenino asociado a la exposición a disruptores hormonales podemos encontrar los siguientes:

  1. Pubertad precoz
  2. Síndrome de ovario poliquístico
  3. Insuficiencia ovárica prematura
  4. Abortos espontáneos
  5. Endometriosis
  6. Cáncer hormonodependiente: mama u ovario

La medida de la exposición a disruptores endocrinos es, más que nada, compleja. De una parte porque la información sobre la producción, uso y aplicaciones de los compuestos químicos incluidos bajo esta denominación es muy escasa. De otra, porque no se dispone de tests adecuados para su identificación y catalogación. Además, porque la medida de compuestos químicos de forma aislada puede que no de la información requerida sobre el efecto biológico que es necesario investigar.

Una manera de saber si estamos andisruptoreste un producto que contenga trazas de alguno de los disruptores endocrinos, sería mediante sellos en el etiquetado, lo que facilitaría el trabajo del consumidor que no tiene ni capacidad ni tiempo para hacer una revisión bibliográfica de los cientos de componentes químicos que usa a diario. De manera que es difícil conocer la peligrosidad de muchas de las sustancias que consumimos.

Si queremos preservar nuestra salud y la de nuestros hijos sin duda tendremos que aprender a simplificar y eso significará prescindir de productos que hemos usado por décadas y que hemos considerado imprescindibles. Aprender a sustituirlos por productos más artesanales con formulaciones sencillas tradicionales nos asegurará la reducción en la exposición tóxica. Mención especial merecen aquellos productos que ingresamos a través de la piel, la cual resulta ser el órgano más grande y permeable que tenemos: todo aquello que tenga contacto con ella, terminará en nuestro torrente sanguíneo y se distribuirá por todo el cuerpo acumulándose con el tiempo, en especial en los tejidos grasos. Al ser sustancias ajenas al organismo no pueden ser en su mayoría metabolizadas (carecemos de las enzimas necesarias para hacerlo). Es por esto que algunos autores recalcan que no pongamos sobre nuestra piel “nada que no pudiéramos comernos”. Y en este sentido, la Dra. María López-Teijón realiza la siguiente reflexión: “El organismo humano, cuando se diseñó, no estaba previsto que supiera eliminar el metacrilato o que supiera eliminar el plástico. Todas estas sustancias se quedan dentro del organismo acumuladas porque no las puede degradar, lo mismo que cuando vemos una bolsa de plástico en medio del agua del mar: sigue nadando sin posibilidad de que la naturaleza sepa cómo eliminarla.”

Quizá la recomendación más importante que podemos aplicarnos y dar a nuestros pacientes es seguir el “principio de precaución”. Definitivamente, vivimos en una sociedad industrial con alto nivel de consumo y es difícil una prevención en la exposición del 100%, así que tenemos que ser realistas, pero la sola reducción de la carga tóxica puede ser la diferencia entre la salud y la enfermedad.

Resumen del trabajo realizado por la Dra. Juani Lafaja en la finalización del curso “Introducción a la patología humana asociada a factores ambientales” (Fundación Alborada).

By | 2016-12-18T19:15:26+00:00 10 Noviembre 2016|Gine, menú principal, SPM|0 Comments

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