Microbioma: nuestro seguro de salud

El Microbioma, conjunto de microorganismos con los que convivimos y que parecen tener una relación directa no sólo con nuestra salud, sino con aspectos de lo que consideramos nuestra personalidad, está siendo estudiado cada vez con más frecuencia.

Estos planteamientos contemplan al ser humano como un ecosistema complejo donde los microorganismos (bacterias, parásitos, virus, hongos, etc.) conviven e interactúan. El sistema inmunitario tiene aquí un papel clave en cuanto al mantenimiento de la armonía de este ecosistema, de manera que si algo falla se genera un desequilibrio que puede originar diferentes patologías o enfermedades (tanto físicas como psicológicas), derivadas de una infección aguda o crónica. Este campo de estudio emergente implica no sólo a especialidades médicas evidentes como la gastroenterología,  inmunología o microbiología, sino a otras tan sorprendentes como la psiquiatría o la neurología, entre otras disciplinas.

Francisco Guarner, responsable del grupo de fisiología y fisiopatología digestiva del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) afirma que actualmente el microbioma se considera un órgano en sí mismo.

El proyecto europeo MetaHIT (Metagenomics of the human intestinal tract) tiene por objetivo descifrar el material genético de las más de 150.000 especies distintas de microbios que colonizan el cuerpo humano.

En 2007, Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, sugirió que el Proyecto de Microbioma Humano (un estudio a gran escala de los microbios que colonizan a los humanos) podría ayudar a desenmarañar desórdenes de salud mental.

Rebecca Knickmeyer, profesora de psiquiatría en la Universidad de Carolina del Norte, realizó estudios que relacionan los microbios que colonizan los intestinos en la infancia y el desarrollo del cerebro.

En Europa, el proyecto MyNewGut (“Mi Nuevo Intestino”), destinado a estudiar en profundidad el papel de la microbiota intestinal, plantea recomendaciones nutricionales que podrían aliviar desórdenes vinculados con el cerebro.

Elaine Hsiao, bióloga en la Universidad de California, ha publicado estudios sobre cómo ciertos metabolitos de la flora bacteriana promueven la producción de serotonina en las células que recubren el colon, un hallazgo interesante teniendo en cuenta que estas células conforman más del 90% de la producción de serotonina en humanos, la cual está estrechamente relacionada con la conducta depresiva.

Carlos Spuch, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Galicia Sur afirma que al intestino se le llama “segundo cerebro” por varios motivos. Uno más conocido es que hay muchas neuronas (más de 100 millones, sistema nervioso periférico) desplegadas a lo largo del intestino, donde se producen neurotransmisores, al igual que en el cerebro. De manera que hoy en día se estudia la posibilidad de que en el intestino se originen algunas enfermedades neurológicas y neurodegenerativas como la esquizofrenia o el Alzheimer.

Así mismo un equipo de científicos ha encontrado un vínculo entre las bacterias intestinales y la enfermedad de Parkinson.

En otros estudios, Bienenstock y otros, han encontrado que en algunos casos, las bacterias se comunican con el cerebro a través del nervio vago. Hallazgos que encajan con otros trabajos que sugieren que la estimulación vagal se puede utilizar como último recurso para el tratamiento de la depresión. Esto abre la puerta a que, si averiguamos cómo las bacterias se comunican utilizando esa vía neural, seremos capaces de emularlas con nuevas moléculas (fármacos) sin necesidad de las bacterias, dice Bienenstock.

Premsyl Bercik, gastroenterólogo, se pregunta lo siguiente: ¿Podrían los síntomas psiquiátricos estar motivados por la inflamación persistente, o tal vez por un microbioma desajustado por la infección? Nuestra experiencia en NG Clínicas lleva a pensar que se trata de ambas cosas, ya que observamos una estrecha relación entre el estado psicoafectivo, la situación inmunitaria, la infección y la inflamación, tal como ya hemos reflejado en artículos anteriores.

En cualquier caso, insistimos en lo fundamental que resulta prestar atención a nuestros hábitos alimentarios. La alimentación, así como otros factores ambientales, están vinculados con el funcionamiento del sistema inmunitario y con nuestro mapa microbiológico y, en consecuencia, con la salud tanto física como mental.

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By | 2017-03-17T22:34:13+00:00 17 marzo 2017|menú principal, SPM|0 Comments

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